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La curva de Schmidt
Pensamiento de los Confines, agosto de 2001

Arno Schmidt (1914-1979) es prácticamente desconocido en lengua española, razón por la cual el lector puede con toda justicia atribuirle la célebre pregunta manzoniana relativa a Cerneades.(1) Bastante injusto si se piensa en la vasta producción de Schmidt después de la publicación, en 1949 de su primer libro, Leviatán.(2) Schmidt, de hecho, apareció, desde sus comienzos, como un escritor, entre otras muchas cosas, intraducible. Pero no debe creerse que haya corrido una suerte muy distinta en su propia patria.(3) Es cierto que en Bargfeld (Celle), el pequeño pueblo donde Schmidt vivió los últimos años de su vida, funciona hoy una Fundación que reúne todos sus libros y manuscritos, la biblioteca y toda la Sekundärliteratur mundial relacionada con él, organizando conciertos, lecturas y visitas guiadas a la casa donde Schmidt transcurrió su vida de erudito, traductor y escritor solitario y extravagante, por donde deambulan especialistas dedicados a interpretar y fichar sus escritos con la orden perentoria de iluminar a los futuros traductores de su obra.

Después de haber tomado parte en la Segunda Guerra Mundial, a los treinta y cinco años debutó con Leviatán, un libro que reunía tres relatos o nouvelles: el que da título al libro, Gadir y Enthymesis. Hermann Hesse le dio una bienvenida que, al menos en parte, ayudó a catapultarlo al centro del escenario, o, como se dice usualmente, a hacerlo entrar a la gran literatura por la puerta grande.(4) El maestro lo ve como un ser insociable, un científico erudito y al mismo tiempo filósofo a quien le gusta coquetear con lo aparentemente exacto, la matemática y la astronomía, pero cuyo amor por la exactitud no se traduce en la ingenuidad lógica del creyente, sino en "el ardiente y nervioso amor del soÑador y el hereje". Efectivamente, como bien dice Hesse, Schmidt está "desfasado" respecto a la narrativa alemana del inmediato posguerra. Un paisaje erosionado después de la batalla donde, junto al dolorido Wolfgang Borchert de Drauβen vor der Tür (Afuera, delante de la puerta),(5) se presentan los relatos periodísticos de Wolfdietrich Schnurre, el expresionismo de Hermann Kasack y su Die Stadt hinter dem Strom (La ciudad al otro lado del río, 1947) y de Rudolf Hagelstange, el debate entre Hans Wrerner Ritcher y Alfred Andersch, fundadores del “Grupo 47”, y los intentos líricos de Marie Luise Kaschnitz y Hans Erich Nossack, todo ello coagulado en el pulcro, romántico y nostálgico El tren llegó puntual del primer Böll. Pero Arno Schmidt se propuso ponerse por encima de todo esto, y si sus primeras producciones responden a la vena "realista iluminista" y a las teorías sobre la "descomposición" de Gottfried Benn, también anticipó el experimentalismo de los años '50 (Enzensberger, Haissenbüttel, Rühmkorf), experimentalismo que no es un fin en sí mismo, vacío de contenido, puro juego, sino que para él significa el comienzo de una larga aventura lingüística tendiente a dar verdadera cuenta de sus experiencias con la realidad.

Arno Schmidt hace su entrada en 1949 con un golpe maestro, pasándose por alto naciones, sociedades, sufrimientos, desesperanzas varias, dirigiéndose a un interlocutor único, la humanidad entera. Su alucinado relato-diario le sirvió para tirar sobre la mesa toda su Weltanschauung. Según la crítica nunca volvió a alcanzar la misma lucidez.

El tema elegido es de los más impresionantes: la acción se sitúa en los últimos días de la guerra y se basa en el intento, por parte de un grupo conformado por una prostituta acompañada de su madre, un viejo frágil, empleado de correos, una madre con dos niños, uno de los cuales está gravemente enfermo, un pastor protestante con su familia, una pareja de viejos campesinos, dos soldados, uno de ellos herido en la cabeza, dos muchachos de la Hitlerjugend, cada uno de los cuales carga consigo media docena de lanzagranadas, dos maquinistas y el narrador, de huir de una ciudad que está siendo bombardeada. Todos montan en un pequeño tren. Huyen, pero ¿a dónde? No lo saben, pero al mismo tiempo son conscientes (o al menos el narrador es consciente) de que se están encaminando a un callejón sin salida. El viaje, matizado por las sacudidas del único vagón alfombrado de heno, el frío que entra por la rendija de una puerta que no puede cerrarse del todo y la necesidad de detenerse para reparar la locomotora averiada, dura un día y una noche: la nieve, la falta de víveres, el lamento de los niños y del viejo moribundo, es narrado por un soldado (Arno Schmidt siempre escribió en primera persona), el personaje “tipo” de Schmidt, él mismo: culto, adepto a la filosofía, la geología, la cartografía y la literatura, que toma nota de los acontecimientos en una libreta, con indicación precisa de la hora a la que lleva a cabo esa tarea. Las largas secuencias especulativas y eruditas, contrapunteadas por los jueguitos belicosos de los muchachos de la Hitlerjugend, atraen –único interesado– al viejo. Y el tren (la trampa del universo, el arca de Noé) se detiene sobre un puente roto. El soldado y la prostituta se aprestan a saltar al vacío. Liberados. Solos.

Schmidt retoma un género que alcanzó su esplendor en el siglo XVIII: la nouvelle o el relato corto. La nouvelle es la forma romántica por antonomasia. Según Friedrich Schlegel, ésta podía aglutinar en sí todas las otras formas. En su Nachricht von den poetischen Werken des Johann Boccaccio (Noticias sobre la obra poética de Boccaccio, 1801), dedicado al padre de la novela corta, el autor del Decamerón, la define como "fragmento, estudio, esbozo en prosa, o todo ello junto". Para Schlegel es decisivo que la nouvelle "sea nueva y sorprendente en cada punto de su esencia y su desarrollo", y que sea compuesta con todo esmero. Ludwig Tieck, uno de los autores más productivos de su época (y traductor de El Quijote), añadió a la definición de Schlegel una nueva categoría: la peripecia. Él exigía que cada nouvelle contuviese "una peripecia especial y llamativa [...] que la distinguiese de los restantes géneros épicos", un nodo "en el que de modo inesperado se produjese un nuevo giro, adecuado al carácter y las circunstancias". Los románticos se excedieron en sus esfuerzos teóricos por legitimar la esencia de la nouvelle, pero Arno Schmidt, en pleno siglo XX, llegó a otorgarle (véanse sus "Berechnungen" incluidos en Rosen & Porree) categorías normativa de validez universal.

En 1958 aparece el libro de relatos y diálogos Dya Na Sore, en el cual hay un dudoso homenaje, en clave irónica, a Goethe. En "Goethe und einer seiner Bewunderer" (Goethe y uno de sus admiradores)(6) a la pregunta final acerca de quién es el mayor poeta contemporáneo, el narrador responde: "Goethe, pero mientras no se había alejado de Frankfurt". Como se ve, el homenaje va dirigido al Goethe joven, no al Olímpico, regidor incuestionable de la suerte literaria de los alemanes. Schmidt anticipa y delinea aquí su reprimida burla a la inmortalidad. Schmidt era un gran admirador del siglo XVIII iluminista, desde Wieland a los autores no menores pero sí menos celebrados, entre los cuales se encuentran el Barón de la Motte Fouqué (a quien Schmidt dedicó una biografía), Tieck, Karl Philipp Moritz (especialmente su Anton Reiser), Friedrich Maximilian Klopstock (tan ensalzado y tan poco leído), E.T.A. Hoffmann y Johann Gottfried Schnabel.(7)

El tema, invertido y enfrentado en clave grotesca, vuelve a encontrarse en el último relato de ese libro, "Tina o de la inmortalidad". El relato, calificado por el crítico Hans Mayer como "una obra maestra" (ein Meisterstück), se funda en un hallazgo verdaderamente original: el narrador, a causa de un encuentro banal, es llevado a un evanescente lugar subterráneo llamado Eliseo (que precedentemente ha sido conocido por otros grandes escritores: Tieck, Holberg, Verne), donde encuentra reunidos, en calidad de residentes temporarios, a todos los escritores que sobreviven en la memoria de los lectores a través de las citas de sus escritos, la reedición de ellos o la mera y simple mención de sus nombres. Desesperados, viven una vida gris, tediosa, esperando que citas y libros se agoten para poder así, finalmente, ser catapultados en la tan ansiada "nada".

La amante y guía del narrador, su Virgilio, (Tina Halein, seudónimo de Kathinka Zitz, una mediocre escritora de mediados del siglo XIX), que en la superficie trabaja en un quiosco de diarios y por la noche vuelve a su departamento en el Eliseo, está retratada con los habituales ingredientes cínico-eróticos que Schmidt reserva a sus protagonistas femeninas. Los diálogos y las descripciones están distribuidos en bloques, en un estilo expresionista, lleno de neologosimos y eufemismos ("las serpientes de sus brazos", "los jinetes españoles de sus piernas-brazos"). El texto está plagado de alusiones eruditas (o maliciosas) a autores poco conocidos (ver nota al final del relato) y a su propia obra: el pasaje en que Schmidt notifica la cantidad de ejemplares vendidos de su Leviatán ("¡,hasta ahora apenas 902 ejemplares!"), y otro, en que una voz, con la que el protagonista dialoga a través de un intercomunicador, hace el inventario de las veces que el narrador introdujo el nombre de Birmarck en su propia obra (Hasta ahora usted [lo ha] mencionado [...] tres veces: en el Fauno, página 79; en El brezal de Brand, página 110; en Los emigrantes, página 14...”). Su escritura está regida por las constantes schmidtianas, aquello que vuelve reconocible su prosa (como ocurre con Céline) con sólo mirarla: momentos discontinuos, separados por la tipografía misma; una tonalidad propia, sentenciosa y pedante; el uso sui generis, absolutamente personal, de los signos de puntuación, para indicar pausas o estados de ánimo.

Es notable como la rebeldía cósmica de Leviatán, junto con aquella indignación inicial, fue desapareciendo para dar lugar a esas constantes que caracterizan la obra schmidtiana: la sátira utópico-lingüística y su burla constante a las costumbres. La "curva de Schmidt" se desarrolla lentamente, desde 1949 , año de la aparición de Leviatán, hasta su muerte, en la completud de una visión cósmico-utópica, declarando la inutilidad absoluta de la historia. Para Schmidt la única e inagotable razón de ser está dada por la voracidad (erótica, literaria, manducatoria), y la adoración a la tecnología (lo que en caso incluye los mapas y todo aquello que puede caber en una cajita de fósforos). Allí parece detenerse la curva de Schmidt, curva que se desarrolla entre aquellas dos posiciones, y en la cual no parece encontrarse ninguna precaución que lo libere del peso de su propia inmortalidad; así parece cerrarse el arco del nihilismo cáustico de la curva de Schmidt, con las palabras del protagonista de otra nouvelle, Paisaje lacustre con Pocahontas, de 1955, que mientras observa a su amante nadando en un lago expone su credo personal: "Pensar. No estar satisfecho sólo con creer: seguir adelante. ¡De nuevo a través de los campos del conocimiento, amigos! Y enemigos. No interpreten: aprendan y describan. No hagan planes para el futuro: sean. Y mueran sin ambiciones: han sido. A lo sumo llenos de curiosidad. La eternidad no es nuestra (¡a pesar de Lessing!): pero este lago veraniego, este canal cubierto de vaho, el cuadriculado multicolor de las sombras, la picadura de avispa en el antebrazo, la bolsa estampada llena de ciruelas. Allí, el esbelto vientre arqueado de la nadadora..."


(1) "¡Cerneades! ¿Quién era éste? [...] ¡Cerneades! Estoy seguro de que ese nombre ya lo he leído o escuchado; debe de haber sido un hombre de estudio, un gran literato de la antigüedad: es un nombre de aquellos; pero ¿quién diablos era ése?" (I promessi sposi, Alessandro Manzoni, cap. VIII, la traducción es mía).
(2) Las obras de Arno Schmidt traducidas al español son: La república de los sabios (tr. de Luis Alberto Bixio, Minotauro, Buenos Aires 1973 y Barcelona 1981 y 1998); Momentos de la vida de un fauno (tr. de Luis Alberto Bixio, Fundamentos, Madrid, 1978); El corazón de piedra (tr. de Ela Ma Fdez. Palacios y Jaime Siles, Fundamentos, Madrid, 1984) y Leviatán. Espejos negros (tr. de Florian von Hoyer y Guillermo Piro, Minotauro, Barcelona, 2001). Otras obras importantes de Arno Schmidt son Brand's Haide (El brezal de Brand, 1951), Rosen & Porree (Rosas y puerros, 1959), Sitara und der Weg dorthin (Sitara o el camino hacia allí, 1963) Kühe in Halbtrauer (Vacas de medio luto, 1964), Trommler beim Zaren (El tambor del zar, 1966), Zettels Traum (El sueño de la ficha, 1970) y Die Schule der Atheisten (La escuela de los ateístas, 1972) y Abend mit Goldrand (Tarde con orla dorada, 1975).
(3) "En Alemania, el mercado fue monopolizado por el Bargfelder Bote, una publicación trimestral, esotéricamente limitada y fortuita, concebida al modo del Wake Newslitter destinado a los exégetas de Joyce. Originalmente concebido como un medio de intercambio para descifrar las alusiones y citas ocultas en Zettels Traum, poco ha poco se ha ido convirtiendo en el vehículo público de un grupúsculo cuya erudición parece actuar cum, más que sine ira: devotos cuyas relaciones de amor-odio respecto a su tema no coartan lo grosero de su tono. Así pues, sigue siendo cierto que comparado con los otros escritores alemanes contemporáneos de cualquier tipo, Arno Schmidt ha recibido menor atención crítica de lo que merece lo innovador de su obra" (F. Peter Ott, El servidor de lo "banal": una introducción a la obra de Arno Schmidt, en revista Espiral 5, 1978).
(4) "Aquí tenemos, a diferencia de casi todos sus colegas, a un joven intelectual y poeta que no sólo está sinceramente de acuerdo con la decadencia de Occidente, sino que también desea ardientemente la desaparición de la humanidad en un próximo futuro. Y lo hace en el tono impertinente del desesperado moderno que ha visto y experimentado la guerra y todas las perversidades de nuestro mundo actual, es decir, con un pesimismo justificado y legítimo y una agresividad comprensible. Eso sólo no sería en sí interesante, pues a la resaca universal no le faltan medios de expresión. Pero aquí, un verdadero poeta nos lanza a la cara su asco, y ya el título, Leviatán, saturado de asociaciones de Job e Isaías, pero también de Julien Green, promete ser más que un folletín existencialista. Este joven e insolente poeta de mucho talento, que ya en preexistencias míticas acabó con Platón, reconoció al demonio Leviatán y se dedicó a cálculos sobre la liquidación de la humanidad, es un verdadero visionario, un poco amenazado, y quizá peligroso." (Hermann Hesse, Escritos sobre literatura, 2, Alianza, Madrid, 1984).
(5) Un drama concebido en un inicio como "teatro radiofónico", al que Borchert subtituló: "Una pieza que ningún teatro querrá representar y ningún público ver". Borchert erró el pronóstico, porque su drama se convirtió en el mayor éxito teatral de posguerra. El personaje, Beckmann, vuelve, engañado y humillado como víctima trastornada de la guerra, cansado y abatido, expuesto a los intentos de reprimir los complejos de culpabilidad de sus conciudadanos, el horror de sus vivencias y recuerdos. En la figura de Beckmann no sólo se encarna Borchert, muerto tempranamente, en 1947, sino, y sobre todo, el escepticismo ante los mitos y el cansancio de los héroes de su generación.
(6) Schmidt, A. Dya Na Sore. Gespräche in einer Bibliotek, S, Fischer, Frankfurt, 1989.
(7) Schmidt poseía lo que él llamaba sus “5 fetiches”: una tabla de logaritmos; Ludvig Holberg, El viaje subterráneo de Niels Klim; Cervantes, Don Quijote; Schnabel, La isla de Felsenburgo y una antología que incluía Ondina, de Fouqué, El vaso de oro, de Hoffmann, Agathodämon, de Wieland, El espantapájaros, de Tieck y De la cuádruple raíz del principio de razón suficiente, de Schopenhauer. Entre sus autores predilectos (predilección que explica algunos pasajes de Tina o la inmortalidad), se encuentran los norteamericanos James Fenimore Cooper y Edgar Alan Poe, a quienes Schmidt tradujo al alemán.